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viernes, 11 de julio de 2014

Gato sagrado

William S. Burroughs - A Man Within (subtitulado español)

Documental acerca de la vida y la obra del que fue calificado como el mayor exponente de la contracultura americana. Narrado por el actor Peter Weller, con imágenes de archivo inéditas hasta el momento y numerosas entrevistas a amigos y artistas como David Cronenberg, Iggy Pop, John Waters, Patti Smith, Gus Van Sant y Genesis P-Orridge entre otros. (FILMAFFINITY)
Subtítulos por "Sex and the Bici" blog.
sexandthebici.blogspot.com.es/




William S. Burroughs - A Man Within (subtitulado español) from Roberto García Tapiola on Vimeo.
Ver aquí :
http://www.teledocumentales.com/william-s-burroughs-a-man-within/

Marigay, el gato sagrado de Burroughs que se salvó de la leucemia gracias a la medicina alternativa

UNO DE LOS GATOS MÁS AMADOS DE WILLIAM S. BURROUGHS, MARIGAY, SU “GATO SAGRADO“, DESARROLLÓ EN ALGÚN MOMENTO LEUCEMIA FELINA, DE LA CUAL SE CURÓ SOLO GRACIAS A UNA MEZCLA DE HIERBAS CURATIVAS CONOCIDA ENTRE LOS INDIOS OJIBWE COMO TÉ DE ESSIAC.

William S. Burroughs con su gato Ginger, en el patio trasero de su casa en Lawrence, Kansas.
El gato por dentro
El escritor William S. Burroughs dio a conocer su gusto por todas las cosas felinas con su libro El gato por dentro, en el que se refiere a los gatos como “compañeros psíquicos” y “enemigos del estado” natos. En la última página de su diario, escrita antes de morir, Burroughs habla del amor como la cura máxima de todo. Utilicé esta cita en mi documental William S. Burroughs: A Man Within (burroughsthemovie.com). Pero lo que no menciono en mi película es que el amor del que estaba hablando era ese que sentía por sus gatos. El texto completo escrito en su diario dice:
La única cosa que puede resolver el conflicto es el amor, como el que yo sentí por Fletch y Ruski, Spooner y Cálico. Amor puro. Lo que siento por mis gatos que tengo ahora y los que tuve antes.
¿Amor? ¿Qué es eso?
El analgésico más natural que existe.
AMOR.
Burroughs también estuvo suscrito Cat Fancy durante muchos años, y guardó cientos de números en su biblioteca personal. En mayo de 2010, su agente, James Grauerholz, le propuso una historia a esta revista gatuna sobre el inquebrantable amor del escritor por sus mininos. Los editores de la revista deben haber quedado estupefactos con la propuesta, la cual comenzaba:
Mientras que William S. Burroughs es considerado uno de los escritores más importantes del siglo XX, su genio artístico queda muchas veces eclipsado por las historias de estilo de vida rebelde: fundador del movimiento Beat; su adicción a las drogas y su homosexualidad; el disparo accidental contra su esposa durante un borracho ensayo de William Tell; y, más tarde en su vida, su estatus extraoficial como el padrino del movimiento punk rock. Entre todas las historias extravagantes en la vida de Burroughs, la mejor (y más escondida), llegó al último: que en efecto encontró el amor y la redención antes de morir —a través de sus gatos.
Los editores de la revista (estúpidamente) dijeron que no estaban interesados, y ahí termino eso. Pero parece que Burroughs rio al último. Una búsqueda rápida en internet de las oficinas de Cat Fancy me llevó hasta la siguiente dirección: 3 Burroughs Drive en Irvine, California (el autor creía que el número tres tenía poderes especiales).
Hacia el final de su vida, el poeta Allen Ginsberg le preguntó a Burroughs si quería ser amado. “Depende… ¿por quién o qué?” respondió. “Por mis gatos, definitivamente”. Basándonos en comentarios como éste, no es de sorprender que a lo largo de los años haya cuidado a una larga lista de gatos en su casa en Lawrence, Kansas. En una ocasión, mientras discutía la posibilidad de un ataque nuclear con un joven amante, Burroughs dijo que lo que más le preocupaba de una lluvia radioactiva era qué sucedería con sus gatos.
Además de su devoción por sus amigos cuadrúpedos, Burroughs también sentía un gran amor por todo lo relacionado con la ciencia, lo oculto, la magia y la subversión de las tradiciones y los sistemas de control. Estudió en Harvard y asistió durante un breve periodo a la escuela de medicina en Viena, antes de dejar los estudios y comenzar su vida como escritor.
Roger Holden, quien vive en Lawrence y era un buen amigo de Burroughs, es un inventor que compartía el amor del escritor por los gatos, la ciencia y el cuestionamiento de las ideas convencionales. Roger se interesó en la ciencia a través de las computadoras, en particular “la síntesis de audio digital y la exposición al primer buffer de video basado en un chip de memoria hecho de silicón” (i.e., la televisión digital). Después inventó un sistema de cámaras para animaciones robóticas que se utilizó para hacer tomas de los libros en Reading Rainbow y lleva años trabajando en un sistema de proyección holográfica inspirado en el de R2D2, y espera lanzarlo al público a finales de 2012.
Este par colaboró en algunos proyectos durante los años que el escritor pasó en Kansas, incluyendo estereogramas 3D (lo que después se conoció como imágenes de ojo mágico) que más tarde se exhibieron en la exposición de arte Ports of Entry [Puertos de entrada] en 1996 en el Museo de Arte del condado de Los Ángeles.
Pero algo aún más importante en la historia de esta estrecha amistad, sucedió cuando la amada gata blanca de Burroughs, Marigay, se enfermó, Roger tomó la decisión de ir más allá de los tratamientos médicos tradicionales y usar métodos alternativos para salvarle la vida a la criatura que, según Burroughs, era “el gato sagrado”.
VICE: ¿Cómo fue que terminaste cuidando a los gatos de Burroughs?
Roger Holden:
 Lo visitaba una vez cada dos meses con algunos amigos, cenábamos y discutíamos cosas: ovnis y otros intereses mutuos. William se dio cuenta de que realmente me gustaban los gatos, y me preguntó: “¿Te interesaría tener un gato si te regalara uno?” Le dije que definitivamente. Un día me llamó y me dijo que un gato había aparecido en su pórtico. Había estado en un accidente automovilístico de algún tipo, y me dijo que lo llevó al veterinario, quien lo había curado. Después me ofreció el gato, y yo lo acepté. Al gato lo llamó Porch, porque lo había encontrado en el porche de su casa. Durante los siguientes años y hasta la muerte del gato, en 1995, William se hizo cargo de las cuentas del veterinario de Porch. El veterinario, cada que enviaba un informe médico o un recibo, se refería al gato como Porch Burroughs, así que siempre me referí a los gatos que William me regalaba con el apellido Burroughs. Porch contrajo leucemia felina. Fue algo muy triste. Intentamos curarlo usando todos los métodos tradicionales, pero eventualmente sucumbió a su enfermedad. Me dije a mí mismo que si recibía otro gato de William, y el gato tenía algún malestar, le buscaría algún tipo de tratamiento alternativo.
Muchos locales conocen la historia de cómo terminaste con Marigay, el “Gato Blanco” de Burroughst. ¿Cómo fue esto?
En enero de 1997, recibí una llamada de William en la que me dijo que estaba buscando un hogar para un gran gato blanco. Me preguntó si lo podría ayudar, porque al parecer el gato no se llevaba muy bien con los demás. Fui a su casa un par de días después para recoger al gatito, y [William] fue hasta su librero y sacó un libro llamado
 Cat in the Mysteries of Magic and Religion (Gato en los misterios de la magia y la religión) por M. Oldfield Howey. Abrió el libro en un capítulo sobre la historia de los gatos en la magia antigua y me dijo: “Éste es Margaras, el Gato Blanco; el gato sagrado”, y que debería leer un poco en este libro sobre el gato y su relación con la magia y la historia. De inmediato supe que este “Gato Blanco” que había encontrado era muy especial para William. Algunos conocían al gato como Marigay, pero más tarde lo apodé Butch Burroughs. Dejé que Butch deambulara por las calles de Lawrence, y era muy activo afuera y un poco agresivo. Pero adentro era muy amistoso.
En agosto de 1997, William falleció y coincidentemente, Butch desapareció por exactamente tres días. Después lo encontramos en un refugio para animales. Cuando Butch regresó a casa todavía lo dejaba rondar por las calles; sin embargo, un día en la primavera de 1999, un pastor alemán lo persiguió hasta la entrada de mi casa. Creí que todo estaba bien, pero a la mañana siguiente noté que lo habían mordido así que lo llevé con el veterinario favorito de William. El veterinario curó a Butch, pero durante la misma visita descubrió que Butch tenía leucemia felina terminal en estado avanzado. Me dijeron que le quedaban semanas de vida. Decidí, como me había prometido, que esta vez buscaría un tratamiento alternativo. Básicamente entré en un periodo de profunda meditación: una contemplación de mi fe en el universo y mi amistad con William. Esperaba que de alguna forma, quizá a través de la intuición, me llegara una respuesta. Busqué en internet varias soluciones complicadas y tratamientos propuestos por gente de todo tipo. Me encontré con un comentario oscuro de alguien que había intentado tratar a su gato con una mezcla de hierbas llamada té de Essiac, y que tenía increíbles propiedades curativas.
Por lo que entiendo, el té de Essiac es un tratamiento de los nativos americanos. También cabe resaltar que el gato fue encontrado en casa de Burroughs, la cual estaba muy cerca de Haskell, una de las pocas universidades para indígenas y nativos americanos, ¿cierto?
Sí. Investigué otro poco sobre este té y descubrí que estaba basado en una fórmula de los nativos americanos, desarrollada específicamente por un chamán ojibwe
. Decidí que la marca FlorEssence sería la mejor opción para comenzar el tratamiento. Es una mezcla de ocho hierbas, y consulté con los especialistas de la compañía para pedirles su ayuda. Me recomendaron que le diera a Butch una cucharada o dos al día, con un gotero o mezclando un poco en comida aguada. 
Si había buenos resultados, entonces podría reducir la dosis significativamente. Tres semanas después le hice unas pruebas de sangre en el hospital veterinario y determinaron que el número de células blancas había mejorado notablemente. A tal grado que el doctor me dijo que estaban llamado a Butch Burroughs “el gato milagroso”.
¿Cómo reaccionaste ante esto?
Estaba muy, muy emocionado por la noticia.
Decidí darle dos o tres meses antes de decidir si se trataba de un éxito absoluto o no. Para entonces, Butch ya había sanado casi por completo. Entre 1999 y 2005 Butch vivió un vida plena, la cual atribuyo directamente al uso del té de Essiac. Me dijeron que viviría máximo tres meses, pero vivió otros cinco años.
Tomaste la salud del gato y su bienestar en tus manos, una acción muy burroughsiana: romper con las estructuras de control para descubrir métodos alternativos de tratamiento. Burroughs seguía esta línea de pensamiento con cosas como la magia, la caja de orgón, la Máquina de Deseos, la Máquina de Sueños, la apomorfina y el yagé como tratamientos para la adicción, etcétera. Creo que realmente le habría gustado y habría apoyado tu decisión en el tratamiento de Butch. ¡Vaya éxito!
Lo veo como un éxito gracias a William, al gato y a mí. Considero que mi forma de lidiar con las cosas estuvo directamente influenciada por Burroughs. Tuvimos muchas discusiones sobre la exploración de métodos suprimidos y poco conocidos para mejorar la salud física. Por ejemplo, discutimos el rogón, la vitamina B1, los rayos de energía de Rife y ciertos ejercicios abdominales de yoga. Nuestras discusiones prepararon mi mente para buscar este tipo de soluciones para el Gato Blanco. Si William aún viviera en el plano físico, estoy seguro que le gustaría que se corriera la voz sobre los beneficios potenciales de subvertir los métodos tradicionales de curación.
¿Crees que tu prueba con Butch reveló fallas con el sistema médico tradicional, al menos en lo que respecta a la medicina veterinaria?
Sí, veo mi experiencia con
el Gato Blanco y el té de Essiac como una contribución a la investigación científica sobre su uso potencial para el tratamiento de enfermedades crónicas. Creo que puede ser un gran beneficio para las personas y las mascotas. Los estándares de la ciencia burocrática se interponen en el camino hacia la aceptación de la verdadera eficacia de dichos tratamientos. Es lamentable que estemos inundados de mensajes que nos dicen que los únicos medicamentos reales contienen químicos peligrosos que producen terribles efectos secundarios. ¿De qué nos sirve un “mejor acceso” a los seguros de salud si nuestra única opción de tratamiento son los estándares establecidos por las grandes farmacéuticas? ¿No sería genial si el legado del Gato Blanco, Marigay, fuera una luz blanca de verdad que cuestione al todo poderoso consejo regulador?
Sí que lo sería. Me parece que Burroughs veía a los doctores, veterinarios y sacerdotes como posibles agentes de un sistema de control establecido hace tiempo para mantener a las personas felices y obedientes a través de varios métodos para generar dinero, incluidos los antidepresivos y la religión. Supongo que para hacer más avances en lo que se conoce como “ciencia”, a veces debemos hacer nuestras propias investigaciones fuera del sistema de pensamiento aceptado.
Estoy completamente de acuerdo. Al mismo tiempo, quiero mencionar que William tenía un gran respeto por el veterinario y tuvo muy buenas experiencias con él. La ciencia que yo utilicé es del tipo que la gente puede explorar y está explorando por su cuenta. Por ejemplo, invito a la gente a estudiar las noticias recientes sobre cómo el uso del extracto de propóleos de abeja podría ayudar a reducir el tamaño de los tumores de cáncer de próstata.
Como escribiera Burroughs en The Cat Inside, “Joe coloca una caja para gatos sobre la mesa de juntas. Gentilmente saca un gato blanco. Los miembros de la junta se esconden bajo la mesa, gritando: ‘¡EL GATO BLANCO! ¡EL GATO BLANCO!’” Una adición a esa frase sería: “El Gato Blanco ha expuesto el fraude, el veneno, los tratos sucios; nuestro dinero, poder y control se desvanecerán”.
¿Dónde descansa el Gato Blanco?
Está enterrado con los otros gatos de William, en el cementerio de gatos en su patio trasero. 
The Cat Inside de William Burroughs: “El hombre es un animal malvado”
No creo que nadie sea capaz de escribir una autobiografía completamente sincera. Estoy seguro de que nadie podría soportar leerla: Mi pasado era un río maligno.
William Burroughs – The Cat Inside
Gato Encerrado (The Cat Inside) de William Burroughs es un texto híbrido, a medio camino entre el diario, la narrativa fragmentaria y el aforismo. Un libro no muy difundido en nuestra lengua pues fue originalmente publicado en una edición limitada el 86 y se mantuvo inédito en español hasta el 2007. A través de sus páginas conocemos más acerca de la intimidad del autor, los cual nos permite redescubrir facetas que los lectores asiduos a Burroughs intuimos en su prosa. Sospechas que en este libro se confirman con desenfreno y brutal honestidad.

Las frases certeras saltan como testimonios desgarrados, excéntricos rasgos de la sensibilidad creativa y animalística de William Burroughs – resalto lo animal en lugar de hablar de simples caracteres humanos, pues precisamente esa humanidad individual y colectiva es la que se tensiona con ímpetu al revelar los tipos de interacción que Burroughs – en 
primera persona – sufre en sus distintos periodos, infancia o madurez, estados oníricos y de diurna lucidez, estancias que abarcan procesos escriturales y la posterior difusión de sus obras a través de múltiples viajes por el mundo, siempre al alero de un felino que lo adopta o abandona, digo adopta y abandona –dejando claro que este sentimiento no siempre es material pues en algunos casos Burroughs es abrazado mágicamente por espíritus animales que lo reconfortan o atormentan en sueños apocalípticos o bajo la epifanía de un tótem que reorienta su percepción “Cuando tenía cuatro años tuve una visión en Forest Park, Sant Louis. Mi hermano iba delante de mí con un fusil de caza. Yo me había quedado rezagado y vi un pequeño ciervo verde más o menos del tamaño de un gato. Con claridad y precisión a la luz del sol de última hora de la tarde como si lo estuviera viendo a través de un telescopio. Más tarde cuando estudié antropología en Harvard, aprendí que se trataba del avistamiento de un tótem animal y supe que nunca podría matar un ciervo”.

En aspectos más mundanos, los animales que se suceden a lo largo de los relatos, domestican su vida, debido a que el animal impone su temple y personalidad a los hábitos del hombre que mal ha creído ser dueño o amo de seres que funcionan alienando nuestro cariño mientras reacomodan el entorno en base a sus necesidades, deseos y ansias de libertad.

Es paradigmático el caso del gato blanco, al cual Burroughs compara con un Niño Árabe: “Este gato blanco me volvería loco si tuviera que vivir en el mismo apartamento con él a mis pies, frotándose contra mi pierna, poniéndose boca arriba delante de mí, saltando encima de la mesa para meter las pezuñas sobre la máquina de escribir. Está encima de la televisión, está encima del tajo, está en el fregadero, está metiendo la pezuña en el teléfono. Yo estoy recostado sobre el aparador bebiendo algo. Cuando creo que está fuera, entonces salta encima del fregadero y pone la cara a sólo diez centímetros de la mía. Al final lo echo y cierro la puerta… como un niño árabe que sabe que se está portando mal también sabe que tarde o temprano lo echarás. No hay ningún problema, coge y se va, desaparece por un callejón en el incipiente anochecer, y, pam, ya se ha ido, dejándome con un ligero sentimiento de culpa”

Claro que el hombre, basado en su superioridad racional cree ser el amo y establece sus conductas destructivas, manías y prejuicios que traspasa a los animales, contaminando a otras especies, pero a ojos de Burroughs el gato es diferente y su libertad inquebrantable es prueba de una rebelión y autonomía que el hombre no es capaz de fisurar, el gato no está determinado por maniqueísmos y una moral dicotómica “El gato no ofrece ningún servicio. El gato se ofrece a sí mismo. Por supuesto busca cariño y protección. El amor no se compra a cambio de nada. Como todas las criaturas puras, los gatos son prácticos (…) Los perros comenzaron como centinelas. Es su función principal en la granja y en la aldea, alertar de lo que acecha, como cazadores y guardianes, y por eso odian a los gatos. <> (…) Lo único que hacen los gatos es ronronear y alienar el cariño del Amo, desde mi más sincero punto de vista de comemierda- Y lo peor de todo es que no saben diferenciar entre el bien y el mal”

Por tanto, rápidamente uno piensa en el concepto de familiar. La literatura de fantasía y la mitología nos ha aproximado con vehemencia a esa idea a través de los rasgos que hacen de un ciervo, gato, búho, cuervo u otro animal (incluso especies oscuras como los Imp o formas etéreas como un fuego fatuo o elementales) un espíritu protector o criatura arcana invocada por un brujo para estar a su servicio, ser su espía y fiel amigo, esta invocación recibe el nombre de familiar pues la sabiduría del animal queda dentro del círculo personal del arcano y el animal que contiene dicho poder y lealtad es traspasado a sus descendientes, Burroughs de este modo se vincula con dimensiones druídicas. “En los últimos años me he convertido en un devoto amante de los gatos, y ahora la criatura resulta claramente reconocible como un espíritu de gato, un Conocido. Cierto es que tiene parte de gato, y también de otros animales: zorros voladores, gálagos, colugos filipinos de enormes ojos amarillos que viven en los árboles y son inútiles en tierra, lémures con colas anulares y lémures ratón, martas, mapaches, visones, nutrias y zorros arena”

Burroughs a través de los sueños y pensamientos que expone en The Cat Inside, se declara un defensor de la dimensión mágica de la naturaleza ante las abrasiones que provoca el progreso: “La sustancia mágica para la conservación de animales está siendo retirada. Ya no está el ciervo en el Forest Park. Los ángeles están abandonando las alcobas de todas partes, la sustancia en la que se conservan los Unicornios, el hombre de las nieves, el ciervo verde es cada vez más fina, como las selvas tropicales y las criaturas que viven y respiran en ellas. Al igual que caen las selvas para hacer sitios a moteles y a Hiltons, y a McDonalds, todo el universo mágico está muriendo”

Su visión apocalíptica del mundo no es abandonada, lo grotesco y deforme, la degradación de la carne propia de la interzona se atisba en pesadillas que muestran la inocencia o belleza mutilada por una fealdad que nos supera “La Tierra de los Muertos… Una pesta a alcantarilla hirviendo, gas de hulla y plásticos quemados… yacimientos de petróleo… montañas rusas y norias llenas de maleza y enredaderas. No encuentro a Ruski. Grito su nombre… <<¡Ruski!¡ Ruski!¡ Ruski!>>”. Un profundo sentimiento de tristeza y aprensión. <<¡No debería haberlo traído aquí!>>. Me despierto con lágrimas corriéndome por la cara”.

Esta abominación que Burroughs desata con sus profundas pesadillas, dejando de manifiesto la estética del mal que nos rodea, se anida de modo explícito y voraz en el retrato de un hombre maduro de piel blanca y barba que impone su visión occidental del mundo, nuevamente una visión en exceso moralista y dicotómica, lista a escindir el mundo en buenos y malos y castigar duramente bajo la orden de sus prejuicios.

“El consejero era un hombre sureño con pinta de político. Nos contaba historias de hogueras, sacrificios animales de la basura racista del insidioso Sax Rohmer – Oriente equivale al mal, Occidente equivale al bien. De repente aparece un tejón entre los niños –no sé por qué lo hace, simplemente juguetón, amigable e inexperto como los indios aztecas que les llevaban fruta a los españoles y estos les cortaban las manos. Así que el consejero se apresura hacia su alforja y saca su Colt 1911 automático del 45 y empieza a disparar contra el tejón sin darle, equivocándose a cada tiro desde una distancia de un par de metros. Finalmente coloca su pistola a siete centímetros del tejón y le dispara. (…) Y pregúntate a ti mismo ¿Qué vida vale más?¿La del tejón o la de este perverso hombre blanco de mierda? Como dice Brion Gysin <<¡El hombre es un animal malvado!>>”

En ese sentido gatos e infantes, traviesos niños mágicos son los que deben ser protegidos por un guardián, pues ellos, fetos, gatos e híbridos son una prolongación de la magia en peligro de extinción. “Anoche encontré un gato de ensueño con un cuello muy largo y un cuerpo similar a un feto humano, gris y traslúcido. Lo estoy acariciando. No sé lo que necesita ni cómo dárselo. En otro sueño de hace años aparecía un niño humano con los ojos desorbitados. Es muy pequeño, pero ya camina y habla. ¿No me quieres?- De nuevo, no sé como ocuparme de la criatura. Pero ¡me he propuesto protegerlo y criarlo a toda costa! Es responsabilidad del Guardián proteger a los híbridos y a los mutantes en esa etapa tan vulnerable que es la infancia”.

Burroughs se plantea como ese guardián a lo largo de sus digresiones, allí radica también un crucial nodo de su percepción mutante, su escritura y arte fragmentario y discontinuo frente a la magia oculta y mutante de la naturaleza, en esta obra William B hace de forma genuina y desentendida de pretensiones una declaración de principios y un manifiesto de su genio “Mucho más tarde supe que había sido escogido para interpretar el papel de Guardián, para crear y criar criatura en parte felina, en parte humana y en parte algo aún inimaginable, que bien podría ser el resultado de una unión que no ha tenido lugar desde hace millones de años”.

Por tanto, una parte vital del libro radica en el modo que Burroughs introduce por medio del concepto de “funcionalidad” la manipulación que las sociedades humanas han dado a los animales, perros y gatos principalmente, pero incluye a otras especies – imponiendo tareas como vigilar, acompañar, entretener o el simple exotismo y contemplación que vivimos en los zoológicos, una reificación del comportamiento de estos animales determinados por nuestra crueldad y estupidez que hace de estos seres vivos por un lado símbolos de nuestra personalidad, rasgos que queremos resaltar o enaltecer, como diciendo que tal hombre es una fiera, o peor aún, haciendo de ellos proyecciones de nuestra violencia, miedos, morbo, rabia y control: “No odio a los perros. Sí que odio lo que el hombre ha hecho con el mejor amigo del hombre. El gruñido de una pantera es seguramente más peligroso que el ladrido de un perro, pero no es feo. La furia de un gato es bella, ardiente con una pura llama de gato, con todo el pelo encrespado y con crujientes brillos azules, parpadeando con los ojos encendidos. Sin embargo, el ladrido de un perro es feo, como el gruñido de un sureño cateto y mafioso y anti islamita… el gruñido de alguien que lleva una pegatina en la cintura con las palabras <<¡Matar a un maricón por Dios!>>, un gruñido con pretensiones de superioridad moral. Cuando ves ese gruñido en realidad estás viendo algo que, en sí, no tiene cara. La furia de un perro no le pertenece. Es dictada por su entrenador. Una furia mafiosa es dictada por los condicionantes del entorno”.

Burroughs en este texto da cuenta de la belleza del animal pero también del adiestramiento humano que no tiene límites y es capaz de imponer a su entorno, el odio y la neurosis que nos ha llevado a ser el mamífero más peligroso sobre la tierra, uno bípedo y desplumado que viste pantalones y piensa tener todas las respuestas respaldándose en sus cercas y armas, esclavizando todo a lo que teme o no entiende o piensa representa un peligro para su supervivencia. Ese temeroso hombre blanco que no tiene tapujos en decir ante la simple presencia de un milagro natural como el mítico hombre de las nieves vagando libre por su hábitat, espacio natural invadido para construir centros recreativos o plantas hidroeléctricas: “<<¿En tu opinión qué se debería hacer con estas criaturas si existieran?>>. Una oscura sombre atraviesa el horrible rostro de la chica y sus ojos brillan con convicción <<¡Matarlos! Podrían herir a alguien>>.” 
Creo que la última frase que Burroughs nos regala en este maravilloso y honesto libro da cuenta de su esperanza por la especie, capaz de reconectarse con su espíritu felino e híbrido y potencialmente salvarse de su limitada moral y sensibilidad miope “Nosotros somos los gatos encerrados. Somos los gatos que no pueden caminar solos y para nosotros sólo hay un lugar