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martes, 4 de febrero de 2014

Cambio climático



Conocido también como “calentamiento climático”, “calentamiento global”, “caos de temperaturas” “apocalipsis climático”, se trata del un progresivo aumento global de las temperaturas del planeta producido por una concentración elevada de gases de efecto invernadero en la atmósfera, como consecuencia, sobre todo, de la actividad humana. Pero vamos por partes. ¿Qué es el efecto invernadero? ¿Cuáles son esos gases? ¿Qué consecuencias puede tener para nosotros y el resto de los seres vivos? ¿Podemos hacer algo para evitarlo?
El dióxido de carbono es uno de los principales gases causantes de este incremento de temperaturas, pero no es el único. Otros como el metano, el óxido de nitrógeno, el ozono (producido por automóviles viejos), el vapor de agua o los CFC (clorofluorocarbonos) contribuyen a reforzar este efecto. El sistema natural del carbono es muy complicado. El carbono, elemento principal de las moléculas orgánicas, se halla presente en la atmósfera como dióxido de carbono, en la hidrosfera en forma de carbonatos y en la litosfera como rocas carbonatadas, carbón y petróleo. Las plantas son capaces de integrarlo en sus tejidos por medio de la fotosíntesis, pasando posteriormente a los consumidores primarios y secundarios, que lo devuelven a la atmósfera con su respiración, o al suelo en forma de excrementos o tras su muerte y descomposición. La actividad volcánica y la utilización por el hombre de los combustibles fósiles también contribuyen a devolver gran parte del dióxido de carbono a la atmósfera. Cada año se expulsan aproximadamente 190.000 millones de toneladas de carbono a través del ecosistema Tierra. El equilibrio se mantendría de no ser porque el hombre interviene en él expulsando aproximadamente otros 6.000 millones de toneladas a través de chimeneas, industrias y tubos de escape, aunque sólo un tercio de todas ellas se concentra en la atmósfera y contribuye al efecto invernadero y otro tercio se disuelve en el océano. Hay unos 2.000 millones de toneladas cuyo paradero es desconocido, mientras que el resto es convertido en biomasa por la naturaleza.
Esta última parte del proceso es la que ha llamado la atención de los científicos desde finales del siglo pasado, es decir, el hecho de que los gases de escape se conviertan en fertilizante para las plantas. El mecanismo es conocido: las plantas se alimentan de dióxido de carbono al tomar el aire a través de los estomas de sus hojas, pero cuanto más abren estos poros respiratorios, más agua pierden, por lo que si una planta recibe más cantidad de gas procedente de las industrias y el tráfico, tendrá ocasión de hacer más pequeños los estomas y así ahorrar agua. Como resultado, crecerá más rápido. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce.
¿Cuál es la base científica del efecto invernadero? Esta cuestión fue planteada por primera vez por el científico irlandés John Tyndall (1820-1893), colaborador de Faraday, en 1860. Joseph Fourier (1768-1830) y Samuel Langley (1834-1906) se dieron cuenta de que los gases que absorben calor presentes en la atmósfera son los que hacen posible la vida en la Tierra al elevar la temperatura global. Pero el fenómeno lo descubrieron en profundidad otros dos científicos, el sueco Svante August Arrhenius (1859-1927) y el geólogo norteamericano Thomas Chamberlin (1843-1928), unos treinta años más tarde. Arrhenius estableció en 1896 la relación cuantitativa entre la concentración de CO2 y el clima, en un artículo científico publicado en la revistaPhilosophical magazine. Calculó el coeficiente de absorción del CO2 y del agua, y el calor total que absorbería la atmósfera terrestre para diferentes concentraciones de CO2, así como los cambios correspondientes de temperatura. Tras decenas de miles de cálculos a mano, Arrhenius predijo un aumento de entre 5 y 6º C de temperatura para una concentración doble de CO2. A pesar de que ya había tenido lugar la Revolución Industrial, no pensó que la fuente principal del aumento del CO2 fuera la quema de combustibles fósiles, sino que podría serlo el aumento de las erupciones volcánicas. Arrhenius también se equivocó, como tendremos ocasión de comprobar, al predecir que los efectos causados por el hombre no se notarían hasta pasados 3.000 años, pero vaticinó de forma bastante correcta el papel de los aerosoles, el hielo, las nubes y los océanos en el clima.
¿Cómo funciona el efecto invernadero? Las partículas de los llamados gases de invernadero están formando una especie de envoltura, de caparazón, en la atmósfera, provocando un efecto muy parecido al que realiza el cristal de un invernadero, el cual, además de preservar del frío, mejora las condiciones de crecimiento de frutos y plantas en general. La transparencia del cristal hace posible que los rayos solares penetren en el invernadero. Consecuentemente, el suelo aumenta su temperatura. Parte de este calor se envía hacia el exterior, pero el resto de la radiación se ve frenada por el cristal, lo que hace que el interior se caliente ostensiblemente.

De igual forma, la luz del Sol penetra en la atmósfera, donde en parte es reflejada por las nubes, la nieve o el hielo —es el llamado efecto albedo (1)—, pero su mayoría es absorbida por la tierra y convertida en calor. Este calor, en condiciones normales, sería de nuevo enviado al espacio, pero la concentración de los gases citados en la atmósfera forma esa especie de pantalla que impide que el calor se escape, con lo cual vuelve a la tierra intensificándose su efecto. El vapor de agua es uno de los principales gases de efecto invernadero. A medida que el calor aumenta, la evaporación del agua de océanos, lagos y suelo es mayor, con lo que aumenta a su vez la retención de vapor de agua. En consecuencia, el calentamiento producido por el efecto invernadero también será mayor. El vapor de agua sólo permanece en la atmósfera unos ocho días, pero continuamente se está regenerando.
Mas aqui:
 http://almez.pntic.mec.es/jrol0003/cambio_climatico.htm