Lejos de nuestra intención dar ideas, pero es perfectamente legal proponer que se vuele el Valle de los Caídos, el complejo que mandó construir el dictador Francisco Franco.
El Tribunal Supremo ha archivado la querella que presentó en febrero la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos contra el senador del PNV Iñaki Anasagasti, al que acusaba del delito de incitación al odio por un artículo que publicó en el diario deia, titulado La derecha española vuelve a enseñar los dientes.
En su texto, Anasagasti reconocía haber dicho en un debate que "lo que mejor podían hacer con el Valle de los Caídos, previo al hecho de sacar los restos de los allí enterrados, era volar todo".
En el mismo artículo acusaba al Gobierno de Mariano Rajoy de "mantener en Madrid para su culto la momia de un cruel y sanguinarios dictador" y que "Madrid limita al sur con una vergüenza mayor, el Valle de los Caídos, con Franco dentro, quejándose de que la transición política nos dejará de herencia al Rey, a Franco en el Valle de los Caídos y a una nomenclatura franquista sin ser juzgada, y con espacios donde no entró la democracia, como la judicatura y cierta prensa".
Según la sentencia del Supremo, del texto de Anasagasti no se infiere "provocación o incitación a la violencia" , ni el contenido es vejatorio ni discriminatorio, sino "una crítica acerba por entender que el Valle de los Caídos rinde homenaje a quien querellante y querellados discrepan sobre sus méritos, que puede compartirse o rechazarse, pero ni desde una perspectiva objetiva ni tampoco en el ámbito subjetivo resulta ofensiva o denigratoria".
Las opiniones del senador son "opinables, evaluables y cuestionables, pero se hallan dentro de los límites de la libertad de expresión y desde luego no entran dentro del perímetro de cobertura de la norma penal" que cita la Asociación del Valle de los Caídos.

Campos de concentración, la historia olvidada de España

Serrano Súñer reunido con Himmler.Una vez terminada la Guerra Civil española, miles de prisioneros políticos fueron recluidos en las cárceles de los ‘vencedores’, donde las autoridades franquistas aplicaronmétodos copiados de los campos de exterminio de la Alemania nazi.
En torno a unos 250.000 prisionerosmurieron en alguno de los más de 100 campos de concentración que existieron en España durante los primeros años del franquismo. Esta Historia ‘olvidada’ es estudiada por el especialista español en campos de concentración, David Serrano Blanquer.
En una reciente entrevista al periódico uruguayo El País’, estudioso catalán, explicó por qué esta parte de nuestra Historia es un tema del cual apenas se habla en la España democrática: “Por 40 años de franquismo y una educación católica que hizo un daño tremendo al exigir el olvido como punto de referencia del pasado. Luego, porque laTransición hizo el papel del silencio: en aquel momento si no se desechaban algunos temas, como qué hacer con el dolor del pasado, y si no se hacía cierto pacto, no había posibilidades de seguir adelante”.
‘DACHAU’: MODELO A SEGUIR
Según explicó Serrano Blanquer, antes de terminarse la Guerra Civil, “dos altos cargos militares franquistas viajaron al campo de concentración de Dachau, Alemania, donde las autoridades nazis les mostraron el sistema de represión del Tercer Reich”. Y así se aplicó en España. Una de las figuras del régimen más activas en las relaciones con el Nazismo fue Serrano Súñer, el cuñado de Franco.
Aunque estos campos ‘a la española’ no tenían la ‘eficacia mortífera’ que tuvieron los campos nazis, seguían siendo campos de represión terribles en donde se aplicaban sistemas que en los campos alemanes no había, como la llamada ‘ley de fugas’. Los falangistas llegaban a las cárceles y les decían a algunos presos seleccionados que los iban a ‘soltar’, cuando estaban saliendo los fusilaban por la espalda.
También  se cuentan por miles los prisioneros españoles que estuvieron en los campos de exterminio nazis, con el visto bueno del gobierno franquista. A los prisioneros de les marcaba con un triángulo rojo con una 'S' que quería decir ‘Rotspanier (rojo español, en alemán). 
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«Rotspanier» 43.227

Rufino Baños Lozano, nacido en El Burgo Ranero, fue uno de los supervivientes españoles de los campos de exterminio nazis de Mauthausen y Gusen; le salvó su afición al fútbol

Los españoles tenemos aún una deuda con los compatriotas que lucharon en la Segunda Guerra Mundial, ya que en tiempos ominosos dignificaron el nombre de España en el mundo» SECUNDINO SERRANO, historiador y escritor leonés en «La última gesta» Rufino Baños Lozano (El Burgo Ranero 1917 - Maisons Alfort 1980) no había cumplido aún los 20 años cuando el 15 de junio de 1937 abandonó León con otros amigos para sumarse como soldado del ejército republicano en el frente asturiano. Con su decisión iniciaba un camino sin retorno que le condujo, la madrugada del 27 de enero de 1941, al campo de exterminio nazi de Mauthausen, en Austria, y dos meses después a su filial, Gusen. En 1944 pasó a Gusen II y sobrevivió a la liberación, hace ahora 60 años. Allí se transformó en el rotspanier (rojo español) número 43.227. En estos campos trabajó en la cantera de piedra, con lluvia, sol o nieve, aguantando palos «y demás salvajadas». Es posible que al deportado leonés le salvara su afición al fútbol. Como dice su hijo José María, «dentro del horror siempre hay una parcela de paz y risa» y a los prisioneros de Gusen les permitían jugar al fútbol el domingo por la mañana. Había equipos por nacionalidades y Rufino ocupó la plaza vacante en el español. «Como jugaba bien le cayó en gracia a un SS que le vino a buscar después del partido y el lunes, después de formar, le sacó de la cantera y le metió en un taller», añade. Después pasó a la cocina y fue cuando se implicó en la resistencia del campo. «Robaban comida para comprar a jefes de barracones y dar de comer a la gente que se podía salvar», según el testimonio recogido por su hijo. Se salvó de la horca, pero no de los palos cuando en cierta ocasión les sorprendieron con un kilo de pastas a él y a un chaval húngaro. Rufino sobrevivió a las tres desinfecciones que sufrió en los campos. Les formaban en el exterior y les dejaban desnudos mientras gaseaban el interior del barracón. La más larga se prolongó por 18 horas; muchos presos morían allí debido a su estado de debilidad. En el campo tuvieron que soportar también las duchas al aire libre por la noche durante media hora, con menos de diez grados bajo cero. «El que no andaba listo no salía adelante», le decía a su hijo desde muy pequeño. Los nazis los mataban lentamente porque «eran un material que producía dinero». Rufino coincidió en Gusen con Ursicino Ruiz García, nacido en Carrizal, que forma parte de la lista de leoneses fallecidos en este campo de concentración. Sólo regresó a España a una ocasión, en agosto de 1969, y falleció en Francia en 1980 a la edad de 63 años. «Tenía los riñones fastidiados por culpa de los años de cautividad y de los palos que le habían dado», relata José María Baños. También recuerda que «al final de su vida, como todos los deportados, ya no aguantaba esperar -habían pasado demasiado tiempo esperando la comida y la libertad- y extraños sueños poblaban sus noches, demasiadas caras de amigos volvía a surgir y también el miedo».